sábado, 2 de febrero de 2013

HOMER Y EL CUENTO DEL KINDER BUENO.

Homer Simpson, incapaz de escribir tres palabras seguidas, pudo alguna noche soñar este cuento:



Homer persigue un huevo Kinder Bueno por su casa. Lo atrapa, lo abre y ve que tiene en su interior un muñeco de Bárcenas desmontable y 22 millones de euros. Saca el muñeco y el dinero. Lo monta y observa que en el puño cerrado de su mano derecha tiene un sobre pequeño.

Creyendo que es un premio lo abre y aparecen un montón de papeles con listas de nombres que cree que pueden ser otros muñecos que puede encontrar en otros "Kinders": M.R., R. Rato, A. Cascos y otros muchos seres de plástico.

Cuando se come el huevo de chocolate se dispone a tirar el papel y ve que en la parte interior vienen anotados viajes a Dublín, a doblón, a nombre de otro nuevo personaje: A. Mato.

En ese momento piensa que todo ha acabado, pero de súbito, el muñeco de Bárcenas empieza a hacer gestos señalando su mano izquierda. También la tiene cerrada. Con esfuerzo trata de abrirla sin resultado.

El muñequito de plástico sonríe mientras un ejercito de desmontables han salido de sus respectivos huevos (de chocolate) y están mirando a Homer. Son los otros, los listos de las listas.

La mano izquierda no se abre y los demás muñecos se acercan peligrosamente.

Homer corre a refugiarse encima de una silla. Ellos no quieren a Homer. Se acercan al "Barcenitas", lo cogen de la mano lo acompañan a otro huevo Kinder, algo más confortable que el que lo albergaba, le ponen otro envoltorio y se despiden.

Homer sigue sobre la silla alucinando por el espectáculo que acaba de contemplar. Cada muñeco a su huevo.

Se despierta, cuenta lo soñado y acaba en el sanatorio privatizado donde se encuentra su padre y que cada domingo le obsequian con un huevo Kinder que nunca se atreves a abrir. Aún sabiendo que es de chocolate.




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