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jueves, 22 de enero de 2015

DRÁGCENAS

Pensé que a mediodía Bárcenas saldría de la cárcel cantando aquello de "Y ahora vengo yo, a cantar distinto...", pero no, no ha sido así.

Cuando uno quiere relevancia en exclusividad, hasta escoge la hora en la que sale del "trullo".



Los informativos de la mañana ya estaban confinados en el universo draguiniano de la Unión Europea. Allí, Supermario se llenaba de euros la boca para decir a su imperio que ya tenía tóner suficiente para imprimir cuantas estampitas fueran necesarias.

Las televisiones lo recogían en directo mientras Bárcenas, desde la oscuridad de su celda, se descojonaba como nunca: "Esta noche salgo yo en todas las cadenas sin necesidad de convocar a la prensa, no como este pseudoemperador italiano".

Así va a ser. En unas horas Bárcenas habrá devorado a Draghi en términos mediáticos y, a buen seguro, llevará preparado algunas frases que fomenten el análisis infinito en tertulias políticas de medio pelo.

Seguro que amaga con golpear pero lo evitará porque el puñetazo le puede rebotar en su propia cara.

El PP ni le nombra ni le quiere cerca. Es parte de un papel muy meditado sobre qué hacer en un año donde las urnas van a echar humo. Bárcenas tienen el papel de secretario despechado que bajo su enfado esconde la satisfacción de "haber sido fuerte y haber aguantado".

Todos contentos aunque finjan enfado. Todos. Desde Draghi hasta Merkel, de Bárcenas a Rajoy. Todos enfadados pero con sus espacios televisivos bien delimitados.

Es listo este Luis. La ciudadanía, esperemos que también lo sea.

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